Si hubiese estado allá, hubiese sacado (a último momento) el pasaje para viajar a Mar del Plata el viernes a la noche, el sábado ver a algún compañero del colegio (a Tomás, seguro, para tratar de sacarle alguno de sus habituales comentarios inteligentes sobre casi cualquier cosa) e intentar dar una vuelta por la costa, y el domingo esperar que mi viejo me sacara de la cama para ir a votar a esa escuela rural que está pasando el aeropuerto. Mi vieja no, porque nunca cambió el domicilo, como yo, aunque ella supongo que en la esperanza de que alguna vez va a volver al barrio. Yo de colgado. Como con lo del pasaje. Y después, claro, hacer la extendida sobremesa con solución de continuidad al mate y las facturas, con mi tío leyendo el Clarín, como desde que tengo memoria, y despotricando, contra Clarín, y más tarde contra La Nación, cuando mi viejo termine de leerlo, también como desde que tengo memoria, y en el medio metiendo anécdotas de cuando Boudou era DJ de Archie’s y de cuando se fue a Estados Unidos, Boudou, a comprar equipos y los socios nunca vieron ni la plata ni los equipos, y de cuando jugaba al rugby en Universitario, que ahora parece que tiene un montón de instalaciones nuevas. Y ni quiero pensar en lo que estaría pensando mi abuelo, mientras, que tuvo que tolerar tener una cara tan pero tan parecida a la de Alfonsín, o al menos a la que Alfonsín mostraba en ese almanaque rojo medio descolorido por el sol que le daba desde la ventana todas las tardes y que me acuerdo de cuando iba a tomar la leche por la casa de Roca. La casa que pronto tirarán abajo para hacer un Maral o un Ripalda o un Dumbledor de 6 pisos. Con pileta y SUM. 

(bernardo díaz de astarloa, vía submissions) 

mynameisnotbenjamin
mynameisnotbenjamin

Share this post: