Dolor

Me levanté por cuarto día seguido con dolor de cabeza, un dolor en la frente, superficial, en la piel, en el medio, justo donde se me arma montoncito cuando me enojo. Hoy me desperté con los ojos cerrados, pensé en si me dolerá, sentí que no, que estaba bien, que iba a ser distinto, esperé un rato mientras mis oídos iban calculando qué hora sería, las diez y media, pensé, no hay tantas bocinas. Abrí los ojos y otra vez un alfilerazo en la frente y en la nuca, casi al mismo tiempo. El de atrás se va, el de adelante no, se queda, firme, sin moverse. Estiré la mano derecha y prendí el celular, lo dejé sobre la cama y agarré el control remoto de la TV para ver como salió la final del Mundial de Rugby, intenté no quedarme dormido, pero no pude y esperaba que lo estén repitiendo y vivirlo como si fuese en vivo, pero no, estaba Richie MacCaw levantando la copa. Ocho a siete.

Probé con Migral, Ibupirac y Doxtran, pero no pasa nada, ahora me dicen que es contractura, si o si, obvio, por el dolor que tenés no queda otra opción, tomate un Diclofenac y se va a ir calmando. Tengo mucha fe en la alopatía, le creo todo lo que dice, cada prospecto me parece una obra hermosa de promesa de un mundo mejor, pero ya me tomé dos y me sigue doliendo.

Como una metáfora muy muy muy pelotuda creo que este dolor de cabeza es un anticipo de los próximos cuatro años, un dolor de cabeza constante, firme, que no se va y que aparece bien temprano, apenas abrís los ojos, apenas decidís arrancar el día y te acompaña por horas, recordándote que te vas a tener que joder y que la tenés muy adentro, por malo, por no acompañar el cambio, la transformación, por no entender y hacerle el juego a ellos, los otros, la corpo. Un dolor de cabeza arrogante y rencoroso, con esa creencia tan ridícula que tiene el militante oficial de pensar que son una minoría revolucionaria que lucha contra los poderes económicos, que tiene todo en contra, pero igual va para adelante, enfrentándose al enemigo, como el Chelo Bosch sentando de culo a Sonny Bill Williams y se olvida, o desconoce, o se le pasa, #paaaaabre, que son el gobierno con más caja, con más poder y, seamos sinceros, con más apoyo de la historia.

Salí de la cama, me bañé rápido y barato, con el beneficio de tener el pelo muy corto y caminé los cuarentaycinco metros reglamentarios para votar en la mesa doscientos catorce del Colegio Aletheia. Puse la boleta de Binner completa, incluso con el impresentable de Lozano, pero tampoco había nada muy lindo en otro lado. “¿Sos algo de Roberto Marenco?”, me dijo una de las fiscales. “No”, contesté un poco seco, mientras miraba la foto que había sacado en el cuarto oscuro. “¿Y de Rocío?”, insistió haciéndose la simpática. “Tampoco, por suerte”, le dije ahora con media sonrisa, para hacerme un poco el galán.

juanmarenco
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