Como mi deneí tiene el domicilio de Trelew y yo estoy física y espiritualmente en Palermo, tendría que ir a la comisaría a que me entreguen un papel donde conste que hoy estoy acá y no allá. Prefiero evitar el trámite, para soportar una fila tiene que haber una buena recompensa adelante, un chupón de Higuaín, medio kilo de helado con todos los sabores granizados; mínimo, el documento sellado o lo que sea que indique el final del asunto. Nada que la comisaría pueda darme. Con el papelito, hay que ir a la Cámara Electoral, en Rawson, que es como la oficina de Trelew y también la capital de Chubut, donde uno va si trabaja de empleado administrativo o tiene que sacar el pasaporte. El proceso es ingrato, las distancias son enormes, y por otro lado, los aparatos ideológicos del Estado no me están convenciendo acerca de la posibilidad de represalias importantes si no justifico. lo de no votar. Con estos cálculos falté alegremente a mi deber por varios años, hasta que en el 2004 aterrizó en Buenos Aires doña Fernanda, mi hermana menor, rubia, estudiante de Abogacía de la UBA, la conciencia moral y cívica de la casa de las Koser. Libros autografiados por Eugenio Zaffaroni. Yo creo que debería revisar, ella, su actitud compulsiva de cumplir con todo requisito legal que ande dando vueltas, siendo fan de un señor que por lo menos es un desorganizado. Igual no trato de ganar esta discusión -si nos metemos con nuestras humanas contradicciones yo pierdo seguro- más que nada porque es ella la que paga las expensas, vuelve seria con el comprobante y lo guarda en una carpeta gris llena de folios. Esa clase de tareas, y que eventualmente va a sacarme de la cárcel, le dan el poder a Fernanda para decirme ¿vamos? y que yo me ponga una camperita azul para llegar hasta Las Heras al mil ochocientos. Nos encontramos con una fila de una cuadra con las personas apoyadas contra la pared. Me dan ganas de llorar y al mismo tiempo me doy cuenta de que me olvidé el documento. Volvemos, pienso que quizás Fernanda se olvide o se resigne, comemos pescado con puré, me hago la ocupada mirando el monitor. Ahora dice que en Pueyrredón y Lavalle no hay tanta gente, que una amiga está ahí, que hay que ir, pero ya Alejandra, ya. A las siete tengo partido de fútbol, mejor me llevo la botellita, los pantalones cortos, las dos camisetas y la vincha, porque con el pelo suelto no puedo jugar.
(Alejandra Koser, via submissions a otra parte, pero lo rescatamos)









