El trencito de la alegría

Los muertos vivos se van acercando a la cámara y prometen recuperar los trenes y el agua. Atrás de Pino y Alcira, los demás zombies quieren pasar o decir algo, alguna otra propuesta. Recuperar los trenes es la propuesta que mas me interesó. Y el nombre de Alcira… Ah, el nombre de Alcira quedó tan grabado en mi mente que ahora a mi novia la llamo de esa manera. Alcira. Los trenes, que vuelvan los trenes y trencitos de la alegría.

Tomaba un helado con mis dos hermanos en Villa Gessel. Era 1993 y yo tenía once. Mis hermanos 14 y 6. Íbamos mirando las ferias hippies cuando el Capitán America pasó entre nosotros y gritó: ¡Eh, esperen, la concha de su madre! Cargó la saliva mas espesa y verde del menemato y la escupió con fiereza, como si necesitara alivianarse y poder alcanzar al trencito de la alegría que arrancaba su marcha lleno de niñitos a punto de dar un paseo diabólico. El garzo, pesado y sólido, pasó en cámara lenta frente a la mirada nuestra en HD. Rebotó en el suelo a solo cincuenta centímetros de nuestros piecitos púberes. En cinco zancadas, como sólo los superhéroes pueden hacerlo, llegó al trencito, pegó un salto y se enganchó con los dos brazos a la vez que Pluto y Bart Simpson lo sontenían. El trencito dobló y lo último que vimos fue el paquete de Capitán America embutido en la lycra azul.

Al año siguiente, de nuevo en Gessell, en una de esas tretas que te juegan los grandes a esa edad, terminamos con mis hermanos paseando en el trencito para cuidar de mis primitos. Era una vergüenza. El infradotado del Pato Donald nos instaba a cantar los temas de Carlitos Balá. Bart Simpson tocaba una pandereta y cuando Fran, mi hermano mayor, se la pidió, ortivó. De pronto, un payaso sin dientes que estaba en el asiento del fondo comiendo un churro con café, se paró y nos arengó igual que un barra brava en la popu. ¡Vamo’, la peeeelmaaaaa, vamoooo’ la pelmaaaaaaaaaa!, gritaba, y pedazos grasientos de churro iban a parar a todos los rincones de la fiesta andante. Es él, le dije a Fran —el que era el Capitán America, ¡el del garzo!— Y entonces nos pusimos a cantar con él. ¿Que gusto tiene la sal? Salada.

Esta mañana no pensaba ir a votar ni si me llevaran en limusina. Mi mamá muy solemnemente me dijo: vos, nieto de Enrique de Vedia, un defensor de la democracia, deberías ser el primero en ir a votar. Mi abuelo fue diputado por la Democracia Cristiana, secretario de familia en el gobierno de Alfonsín y diputado constituyente por la UCR en el ‘94. Alfonso fue a todoslos casamientos de mis tíos. Le respondí a mi mamá que se tendría que votar por Facebook, me gusta o no me gusta, y me contestó no seas imbécil. Si querés cambiar las cosas tenés que ir, me dijo. Pero yo no quiero cambiar las cosas, no de esa manera; la única forma de que se acabe la angustia, de que todos los militantes pro K, anti K, los tirapostas y los taxistas dejen de sufrir, es invitar a todo el pueblo Tibetano a vivir acá, que toda esa sabiduría que tienen y acá se ignora porque es obligatorio ser cínico, y melancólico, la traigan consigo, que nos llamemos Argentibet.

No sé que hacer entre tanta gente super enamorada de este gobierno y tanta otra que lo odia, que piensa que Cristina, Boudou y Aníbal son Darth Vader, Munra el inmortal y Skeletor.

Anoche en plena veda fui a una fiesta inolvidable en lo de mi amigo Matute, que en la infancia hacía fumar sapos y ahora el sapo es él. En la entrada te daban un auricular y podías elegir la musica de tres  canales. Reggeatón, Tecno y Rock. Si te sacabas el auricular había silencio y podías escuchar a la gente cantar desafinada pero desenvuelta. Probé sacarme el auricular y pude bailar sin música y quedaba re-bien. Fue ahí que me di cuenta de que estoy un nivel mas arriba, en el nirvana musical y que por haber sido negro en otra vida llevo el ritmo en la sangre. A mi de una villa no me podrían echar de una patada en el culo, que según el Diego si bailás mal te lo hacen, te rajan de toque. También dijo que Macri por patadura sería el primero en comerse un voleo.

Fui a comer a lo de mi amigo Rata. La tarde estaba tan gloriosa que estaba dispuesto a deshonrar la memoria de mi abuelo tirando medialunas en el jardín de mi amigo. Pero mi novia, a quien ahora llamo Alcira, no me dejó, aunque ella tampoco votaba por ser cordobesa. La escuela donde voté era un rancho cascoteado. Cuando estábamos ahí la madre de Acira, por teléfono, me instó a votar bien, lo cual podía entenderse como votá por el candidato que yo voto y no a los K. Yo pensé en Pino y Alcira queriendo recuperar los trenes, y también en el gargajo del Capitán America, en su arenga barrabravesca y en esa fiesta del trencito de la alegría. A los de la mesa mi idea de votar por Facebook les pareció genial. Más que nada sus culos me daban la razón. Entré y por poco meto la boleta de Altamira que me dio un poco de lástima mendigando votos en sus spots. Pero pensé, loco, si no juntás hinchada no te da para primera. Entonces agarré la verde con las dos palabras mas hermosas que me pueden devolver una tarde como esa en Gessell. Alcira Argumedo, te amo a vos, a tu nombre, a tus zombies y a tus trenes.

(tomi de vedia, via submissions)

tomidevedia
tomidevedia

Share this post: