Mar del Plata hasta las bolas, con el 88,71% de los votos pasados en limpio. Sin despeinarse quedó primero el actual intendente Gustavo Pulti, tapabaches ordinario, instaurador del cierre tempranero de boliches y prefectura en las calles y kirchnerista en papeles y fotos de campaña, que suele desencantar a los oficialistas ortodoxos porque siempre termina cotilleando con Scioli. Con un espacio propio -Acción Marplatense- anduvo merodeando por años el municipio como concejal, y aprovechó el ocaso del radical/radical K/K Daniel Katz, para saltar hacia el bote y ponerse a cargo, sin que nadie lo sintiera demasiado. Fue el perfecto vector del voto Pimpinela, por el cual los recitales gratuitos que dieron en Las Toscas artistas como los hermanos recién mencionados, Palito Ortega y Ricardo Montaner terminaron de perfilar la reelección segurísima de Scioli, como también la muy probable continuación para Pulti.
Cinco precandidatos del kirchnerismo tradicional quisieron llevárselo puesto ayer, y en carrera quedó Carlos Cheppi, quien va respaldado por gestiones anteriores y actuales ligadas al gobierno y el entusiasmo de La Cámpora y su marca cultural de stickers, banderas y pancartas histéricas entre la vanguardia de las fonts y el populismo de los stencils, además de una línea formal de volantes con el azul marino original del FPV. Atrás quedaron dos nombres clásicos del PJ que quedaron algo añejos para esta elección, Juan Garivoto y José San Martín, un tal Pablo Kirchner que no logró impactar con el apellido desde la lista local dependiente de Ishii, y Diego Garciarena, quien pudo haber sido el primer voto kirchnerista de mi vida, por poner énfasis en traer a la ciudad el drama nacional de la lucha contra los monopolios mediáticos (merece un párrafo aparte), pero con una propuesta general desconocida, dentro de una oratoria torpe, un carisma fantasma, spots de Windows Movie Maker y un sitio oficial desierto y pelado. Tampoco es que Cheppi tenga tremendo equipo creativo a su alrededor.
Por otros partidos va a octubre gente como Vilma Baragiola, representante histórica del radicalismo con los mismos años de concejal de Pulti pero sin ese timing para saltar a la intendencia en el momento justo, y ex portadora de una mórbida obesidad, que cinturón gástrico mediante le dio una apariencia todavía peor. Carlos Fernando Arroyo ganó ampliamente la interna del duhaldismo, contra otros dos candidatos de campañas algo sucias (volantes tirados a la marchanta por las calles y muchas boletas de Arroyo desaparecidas ayer). Es el director del colegio donde terminé el secundario, idolatrado por los alumnos por el estilo tan militar como deliberadamente payasesco de su figura en la Media 2, pero que políticamente atrae a un público de mayor edad, un poco por esa pedagogía, por una gestión recta pero algo adicta a la recaudación en la Dirección de Tránsito y en algunos casos porque ese estilo militar tiene una ideología política de trasfondo, a veces mezclada con el oficio educativo (los actos del 2 de agosto son especiales en el colegio, y han habido tributos a figuras y fuerzas militares en otros días de trascendencia).
Cheppi intentará no seguir los pasos de Sergio Fares, antecedente marplatense de la experiencia de Filmus, quien fue presentado en sociedad por el FPV para intentar derrotar a Pulti en 2007, con casi nada de experiencia previa que presentar y una campaña muy agresiva y cara, que no le hizo ni cosquillas al actual intendente. Un medio de la naciente escena del periodismo kirchnerista local pintó un panorama bastante parcial de lo sucedido ayer con ese objetivo.
No supe de una postura de Cheppi respecto a la situación mediática del municipio, que describí hace dos años cuando cubrí el festival de cine. La gestión de Pulti garantiza la supervivencia compacta del pan de medios dependientes de Florencio Aldrey Iglesias, más la continuación de la pobre situación del resto de las emisoras, emparchadas con pasantías y cesión de publicidades a la hora de cumplir con la actual ley de medios. Las expresiones populares al respecto incluyen stencils contra los medios del gallego, por parte de Proyecto Sur y agrupaciones kirchneristas, un festival organizado por La Cámpora para celebrar la instalación de una repetidora de Radio Nacional, otro estrictamente sciolista, en el teatro Auditorium, para pedir la distribución de Paka Paka (cosa curiosa la de pagarle a Clarín y protestarle al mismo tiempo), y un taller de medios y comunicación popular el año pasado, en el que profesores y funcionarios llegaron a la ciudad para bajar línea, presentar los beneficios de la ley y las transmisiones digitales por venir y de paso conocer la tapera mediática en la que nos encontramos.
Mi voto local fue a Alejandro Martínez, padre de un compañero muy buen pibe que tuve cuando trabajé de operario en la fábrica de Pepsico, y a la cuarta concejal de la boleta, la hermana de un internauta muy conocido en La Lectora Provisoria y sitios afines. Como fuera hace dos años, un mínimo reconocimiento a la reacción inmediata y genuina del PO ante cuestiones locales a las que generalmente no se dan bola en la ciudad. No pude procesar totalmente mis pensamientos frente a estos resultados, pero a 10 años del crack supongo y comprendo que la gente quiera aferrarse a la seguridad de cualquier tipo que le dé el kirchnerismo, en vez de ver con quién voltear a Cristina, o ponerse como yo a imaginar un país dirigido por Binner, mi voto para octubre. Durante las dos últimas elecciones apoyé públicamente a Proyecto Sur, y no me corresponde otra cosa que admitir los errores y malas decisiones de un largo camino por el cual el partido terminó de tal manera este año.