Algunos padres, cuando se separan, se vuelven un poco locos. Locos bien. Liberados del yugo matrimonial, se arrojan sobre el banquete de la vida con un hambre adolescente. Hay tipos que, por ejemplo, se compran el auto que siempre soñaron, se van de vacaciones a Ibiza y se dan esos gustos que no pudieron darse cuando eran solteros y, mucho menos, cuando se convirtieron en jefes de familia.

Mi viejo, cuando se separó, empezó a militar. A fines de 2001, cambió el calor familiar por el de las ollas y las asambleas populares. Pronto se unió a las filas de Luis Zamora: a los 60 años, autodeterminación y libertad. Acompañó a Zamora durante unos años y llegó a trabajar como asesor en la Legislatura de la ciudad. Un día empezó a notar manejos turbios con el dinero del partido y, después de lucharla un tiempo, tiró la toalla. “Está todo podrido”, me dijo. “Acá no se puede hacer nada”. En ese momento, supuse que “acá” era Autodeterminación y Libertad, la Legislatura, la ciudad, el país.

Su desencanto, sin embargo, duró menos que el mío: desde hace unos años, pasa buena parte de su tiempo libre en reuniones de Proyecto Sur. A veces me pregunto si lo hace por convicción o para no aburrirse en su casa, pero supongo que no importa. Hace más que yo por buscarle la vuelta al país, y eso merece todo mi respeto.

Hace un par de semanas, encontró un bache en su agenda cargada de reuniones de autocrítica y pasó a visitarme. Después de comentar brevemente sus perspectivas para las primarias (“votanos, así llegamos a octubre”), me contó que había decidido tomarse unos días de vacaciones y viajar a Río de Janeiro. “El problema es que me olvidé de las elecciones y saqué el pasaje de vuelta para el martes 16”, sonrió. Pensé en acusarlo de “zurdito caviar”, como a veces hacen mis amigos derechosos conmigo, pero me pareció más original rescatar un clásico alfonsinista: “Parece que no te va nada mal; imagino que en octubre votarás a Cristina”. No sé si se lo dije en broma o en serio, pero él no le dio mayor importancia y, como al pasar, comentó: “El partido necesita fiscales. ¿Querés fiscalizar en alguna escuela?”. Tal vez por culpa (nunca pensé en la posibilidad de votar a Alcira Argumedo), acepté.  

***

 En el patio del colegio, un puñado de personas hablaba con el delegado judicial. Imaginé que serían mis colegas, así que me acerqué al grupo con cierta timidez. Después de confirmarme que todos eran fiscales, una señora de unos 50 años, aferrada a una bolsa de plástico llena de carpetas y papeles,­ me preguntó en tono policial: “¿Y vos quién sos?”. Cuando le dije que venía en representación de Pino y sus amigos, se tranquilizó. “Estás en el lugar correcto”, me dijo. “Nosotros somos la oposición”.

La “oposición” estaba formada por una fiscal de la Unión para el Desarrollo Social - ex UCR (la señora de tono persecutorio), un fiscal del Frente Amplio Progresista (un treintañero estudiante de Historia) y dos fiscales del PRO (una rubia con colágeno noventoso y un joven muy educado y cordial, uniformado con su pantalón de gabardina, sus náuticos, su camisa y su chaleco de polar).

Ante la declaración de la radical (“nosotros somos la oposición”), todos sonrieron con complicidad. El muchacho del FAP, sin embargo, se sintió algo incómodo y acotó: “Sería bueno que dejáramos de definirnos en base a nuestra relación con el gobierno. Si no, ellos siempre van a estar en el centro de la escena”.

Enseguida, la rubia PRO (que, aunque no me gusten los clichés, pareció no entender el comentario del historiador) quiso justificar una definición tan tajante y me explicó que cuando se presentó ante los fiscales del Frente para la Victoria, no fue bien recibida. “Ah, sos nuestra enemiga”, parece que le dijeron.

A mi me trataron mejor. El fiscal general del FPV era un pibe de veintipico, morrudo, con barbita de algunos días y pulóver norteño, tan amable como el muchacho del PRO. Si alguien me hubiese dicho que trabajaba como preceptor en el colegio católico en el que nos encontrábamos, le hubiera creído.

Cuando me presenté, empezó a monologar: “¿Cómo pudo Pino ponerse en contra del gobierno? Nacionalizamos las AFJP, Aerolíneas Argentinas, parte de YPF y, a pesar de todo eso, se nos tira en contra. ¿Qué quiere? Hoy estás a favor del gobierno o en contra. Hay que recuperar el terreno perdido, así que hoy todo es blanco o negro, el Estado o la empresa. Los grises se discutirán en otro momento. ¡Pino se puso del lado de Duhalde! En octubre ustedes tienen que venirse para nuestro lado”. Yo, que ni siquiera recordaba el nombre del compañero de fórmula de Alcira, no supe qué responder.

El día transcurrió sin mayores sobresaltos. Supongo que en el conurbano bonaerense los fiscales debieron vivir momentos de cierta adrenalina, pero en Palermo, para variar, no pasó nada. De vez en cuando, un ringtone de la “Marcha peronista” rasgaba el silencio del patio, hasta que el fiscal K atendía. Tal vez algún representante de la oposición podría haberlo denunciado por violar la veda, pero ni siquiera eso. No pasó nada.

A las 18 en punto, el delegado judicial cerró las puertas del colegio y comenzó el escrutinio. Al principio, me divirtió el conteo de votos. No tuve la suerte de ver sobres con fetas de jamón, pero descubrí que hay personas que votan de maneras extrañas (Jorge Altamira presidente – Federico Pinedo diputado) y escuché que en una mesa encontraron una boleta con un escupitajo que cubría el nombre del candidato a presidente.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo y las boletas de Duhalde se acumulaban sobre los pupitres, la cosa dejó de ser graciosa. Los jóvenes K parecían confiados, pero yo no podía dejar de pensar en la posibilidad de que en diciembre el ex senador Duhalde –como le gustaba decir a Horacio Verbitsky–, volviera a ponerse la banda presidencial. El ex senador Duhalde…

Una de las últimas veces que vi a mis viejos juntos y en armonía fue el 2 de enero de 2002, en la Plaza del Congreso. Ellos ya vivían separados, pero cuando la Asamblea Legislativa anunció que Duhalde ocuparía el cargo de presidente, la familia volvió a unirse por unas horas. Si mal no recuerdo, yo fui caminando con mi papá y nos encontramos con mi mamá y mi hermana cerca de Callao y Corrientes. Después volvimos todos juntos en el auto, derrotados, probablemente con alguna cacerola abollada en la mano.

El domingo pasado, cerca de las 20.30, llamé a mi novia para contarle que en un rincón de Palermo el ex senador Duhalde estaba arrasando. Del otro lado de la línea, ella me tranquilizó: “Parece que Cristina gana lejos”. Sí, me tranquilizó. No quiero que Duhalde sea presidente. Sé que si mis viejos se vuelven a encontrar en la plaza, va a haber quilombo.

(juan maría fernández, moroccotopo recuperado, vía submissions a tpbar)

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  1. tpcc-2011 posted this